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Más allá del bien y del mal: kleshas, moralidad y libertad interior.


Muchas personas viven su vida dividida entre lo que consideran “bueno” y “malo”, “correcto” e “incorrecto”, “moral” o “inmoral”. Aunque esta estructura parece dar orden y seguridad, con frecuencia se convierte en una jaula interior. Desde la perspectiva del yoga, esta moralidad rígida no nace de la conciencia, sino del miedo y del condicionamiento. Y ahí es donde entran los kleshas.


Los kleshas, descritos por Patanjali en los Yoga Sutras, son los patrones mentales que nublan la percepción y sostienen el sufrimiento. No son errores ni fallos personales, sino mecanismos profundamente humanos que operan cuando no vemos con claridad.



La moral como sustituto de la conciencia


Desde avidya, la ignorancia fundamental, confundimos la moral con la verdad. Creemos que seguir ciertas normas nos hace personas correctas y que romperlas nos vuelve incorrectas. Pero la moral es cultural, aprendida y cambiante. La verdad interior, en cambio, solo puede ser vivida.


Cuando no hay claridad, la mente busca refugio en reglas externas.



Identidad moral y ego espiritual


Con asmita, la identificación con el yo, aparece la figura de “la buena persona”, “la persona consciente”, “la que hace lo correcto”. La moral deja de ser una guía y se convierte en identidad. Desde ahí, no actuamos por comprensión, sino para sostener una imagen de nosotras mismas.


La moral rígida no libera: separa.



Apego y rechazo disfrazados de valores


Raga y dvesha también juegan un papel clave. Nos apegamos a lo que encaja con nuestra idea de lo bueno y rechazamos lo que la cuestiona. Juzgamos más de lo que escuchamos. Defendemos principios que, muchas veces, esconden miedo o necesidad de control.


Cuanto más rígida es la moral, más necesita señalar al otro.



El miedo a soltar las reglas


En el fondo, abhinivesha, el miedo profundo, sostiene todo el sistema. Miedo a equivocarnos, a perdernos, a no saber quiénes somos sin esas normas. Por eso muchas personas permanecen obedeciendo códigos que ya no les representan, incluso cuando sienten incoherencia interna.


¿Entonces hay que destruir la moral?


No.

Desde el yoga no se propone volverse amoral, sino trascender la moralidad rígida y dar paso al discernimiento consciente (viveka).


La pregunta deja de ser:


“¿Esto es bueno o malo?”


Y se transforma en:


“¿Esto nace de la claridad o del miedo?”

“¿Esto genera libertad o más condicionamiento?”

“¿Esto surge del ego o de la presencia?”



La práctica como vía de libertad


La práctica de yoga —asana, respiración, meditación y autoobservación— no nos dice cómo comportarnos. Nos enseña a ver. Y cuando vemos con claridad, la acción correcta emerge de forma natural.


La verdadera ética no se impone.


Nace de la conciencia.


Cuando los kleshas se debilitan, dejamos de actuar por obligación moral y comenzamos a actuar desde comprensión, responsabilidad y presencia.



Libertad no es hacer lo que quiero


Es no estar gobernadas por el miedo, el apego o la identidad.

La moral divide el mundo en opuestos.

La conciencia lo integra.


El yoga no nos pide que seamos “buenas personas”.


Nos invita a ser libres, lúcidas y honestas.

Y desde ahí —sin rigidez, sin dogma— la vida se vuelve, paradójicamente, mucho más ética.

 
 
 

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